39 Viaducto Caracas La Guaira y Luis Van Dam

En 1987 estaba por derrumbarse el viaducto principal de la carretera Caracas la Guaira,
obra ejecutada alrededor de 1930 por el famoso ingeniero francés Eugene Freyssinet,
pionero en el desarrollo del concreto pretensado.
Este gran ejemplo de ingeniería se estaba destruyendo por el desplazamiento que
experimentaban las quebradas a cada lado del viaducto.
Los cerros de la quebrada se acercaban muy lentamente uno al otro y el viaducto moría estrangulado entre ellos.

El gobierno llamó una licitación internacional para el diseño y la construcción de un
viaducto de cuatro y medio kilometros de longitud, con cuatro canales de autopista y columnas de más de 70 metros de altura que no sólo reemplazaba al que se
estaba cayendo: también daba una solución definitiva a las obras viales a ambos lados de
esa quebrada cuyas paredes se desplazan permanentemente.

Nuestra empresa, Koyaike, permanecía ajena a esa licitación porque estaba participando
en ella Vinccler, la empresa mayor de nuestro principal socio, Giácomo Clérico, y
habitualmente evitábamos competir entre nuestras empresas.

Faltando 12 días para la presentación de las ofertas, Luis van Dam, conocido empresario,
socio principal de la empresa Van Dam de fabricación de estructuras metálicas, me
propuso constituir el Consorcio Van Dam Koyaike para competir en esa licitación contra
Vinccler y otros licitantes internacionales.

Luis me pidió que fuera especialmente honesto con él y que si Koyaike no estaba en
capacidad de garantizarle que podría trabajar con él sin subordinar sus intereses a los de
Vinccler, que se lo hiciera saber de antemano.

Le dije que que en caso que Koyaike decidiera participar asociado con Van Dam podrían
tener la certeza de que lo haríamos con honestidad y toda nuestra fuerza.

Entonces Luis me envió los documentos de licitación y me invitó a que al día siguiente
tuviéramos una reunión con sus ingenieros para mostrarme el proyecto que estaban
desarrollando para la obra en cuestión.

Esa noche estudié los antecedentes y llegué a la conclusión de que si el problema principal
era el suelo y lo más costoso, extremadamente costoso, serían las fundaciones, el diseño
del viaducto tenía que estar basado en una cantidad mínima de fundaciones y eso
significaba apoyarlo no como es habitual en dos o más columnas que se van repitiendo
cada cierta distancia, si no que en una sola columna central que tendría que estar lo más
alejada posible de las demás columnas de apoyo.

Sólo una solución de esta naturaleza podía minimizar la cantidad de “patas” que tendría el
viaducto y, entonces el costo total de las fundaciones y por consiguiente podría ser una
solución más económica y competitiva en la licitación para la construcción de la obra.

Al día siguiente me presenté en la oficina de Van Dam, donde había alrededor de doce
ingenieros que llevaban algunas semanas trabajando en un proyecto que tal como yo me
imaginaba se caracterizaba por tener numerosas columnas de apoyo y por consiguiente
numerosas fundaciones. Delante de Luis Van Dam le dije a ese grupo de ingenieros de los
cuales yo no conocía a ninguno, que el proyecto que desarrollaban no servía para nada y
que un proyecto para ganar esa licitación tenía que ser diseñado en los términos que yo
había pensado esa noche: muy pocas columnas, muy distanciadas una de otra.

Como es de imaginar mi planteamiento tuvo muy poca acogida en ese grupo de expertos
pero Luis Van Dam, que se había acercado a mí probablemente por mi prestigio o por lo
que había oido acerca de mi persona, me dijo “Ok, García haz tú el proyecto y nosotros lo
presentamos como consorcio Van Dam Koyaike, pero por favor no me vayas a traicionar.”

Durante 12 días desarrollé el proyecto, calculé los costos, revisé y suscribi los documentos
de licitacion y preparé la oferta. Además tuve que mantenerme atendiendo mis
responsablidades como principal ejecutivo de la empresa Koyaike. Si alguna noche dormi
un par de horas fue mucho. Nunca sali de mi oficina. Hice un esfuerzo sobrehumano.

El día de presentación de las ofertas los resultados indicaron que el ganador era Vinccler
en tanto el consorcio VanDam Koyaike salía tercero.
Luis, que estaba sentado a mi lado se puso de pie indignado. Me insultó: “García eres un
traidor”. Se retiró.

Esa misma noche Clerico me llamó para consultarme cómo había diseñado el viaducto y
cuántas columnas tenía. Ante su llamado llegué a la inmediata conclusión de que
habíamos ganado esa licitación por 1800 millones de dólares, porque si alguien sabía lo
que estaba pasando en Venezuela era Clérico.
Efectivamente así fue: ganamos.

Ocurrió que cuando abrieron las ofertas el monto de cada una de éstas se calculó con los
precios de los licitantes aplicados a las cantidades de obra que había estimado el ente que
llamó a licitación. Con esas cifra quedamo terceros.

Pero las cantidades de obra que había que usar para estimar el costo total de cada oferta
eran las propias del proyecto de cada ofertante y entonces el nuestro, que tenía muy
pocas fundaciones, resultaba ampliamente ganador en un proyecto donde el costo de las
fundaciones era determinante del resultado de la licitación.

Fue así como ganamos esa licitacion por 1800 millones de dólares.

El ministro de obras públicas nos hizo saber a Clérico (en su condición de socio de
Koyaike), a Luis Van Dam y a mí que estaba dispuesto a darnos la obra y por consiguiente
a publiccar que la licitación había sido ganada por nuestro consorcio, si le pagábamos 100
millones de dólares.

Dijimos al ministro que podíamos pagarle esos 100 millones de dólares después de
firmado el contrato pero no antes de ello, auque Luis era partidario de pagar lo que el
ministro solicitaba sin ponerle condición alguna.
El ministro se mantuvo en la posición de que quería los 100 millones de dólares por
adelantado y sin antes haber firmado el contrato legítimamente ganado por el consorcio
Van Dam Koyaike.

Como el corupto ministro no cedió en su posición, se perdió el esfuerzo realizado para
ganar esa licitación.
Pocos años después el viaducto diseñado por Freyssinet colapsó.
El delincuente Hugo Chávez Frías tuvo el coraje de declarar que “gracias a Dios” se había
caído el viaducto.
Eso obligó a habilitar “la trocha”, una vía larguísima, con numerosas curvas de bajada
hasta el fondo de la quebrada donde atravesaba un pequeño puente y continuaba con
una serie de curvas de subida hasta alcanzar la altura donde se conectaba con la
autopista existente entre Caracas y la Guaira.
El impacto de la trocha sobre el comercio en el litoral y sobre la economía de Caracas fue
brutal .
La trocha se mantuvo durante años hasta que finalmente el gobierno pudo construir un
viaducto de reemplazo del que se había caído.
El viaducto de reemplazo fue construido de acuerdo al diseño que García hizo para el
consorcio Van Dam Koyaike, de donde debe entenderse que Luis van Dam vendió ese
proyecto al gobierno del corrupto Hugo Chávez.
De ahí en adelante, como buen ladrón, Luis nunca más me saludó.
Las veces que nos encontramos subiendo el Ávila, él siempre agachado como toda su vida
de hombre brutalmente rastrero, fingió no haberme visto.